Miradas encendidas en la noche oscura, garabateando el caminar en el ayer, en el pasado de las memorias; una irrealidad en el silencio de las manos, en esa voz que hiela su eco... (para que no la lean) ... miradas encendidas en la noche oscura.
Miradas en nocturno, en espectrales sueños sangrantes en el silencio; nada de estrellas fugaces, tan sólo la noche iluminando la oscuridad, el silencio de unas manos, de una voz. Miradas en nocturno; nada de cometas ni deseos, sólo la noche encendida en la soledad, en el silencio de unas huellas, en unas manos calladas, en una voz amilanada.
La noche es espera, es abandono, es el olvido de los caminos; es el andar cansado encadenado al silencio, son los pasos sin huella en la soledad del eco; la noche es voz muda acuchillada en oropeles de neón, es una mirada envarada en las manos sin palabras... calladas.
Nocturno y silencio, silencio y soledad; queda el eco del ayer, esas voces de la niñez adoquinadas en la memoria, resbalando entre pasos de lluvia, sonriendo en las oquedades de las manos y la piel. Una calle alumbrando pasados, oscureciendo los rincones de la mirada; todo silencio, todo olvido... todas las lluvias caídas en los dibujos de tiza, todo el viento barriendo los jirones del recuerdo.
La noche que siempre aguarda... un viandante, un olvido, unos pasos, un sueño; siempre a la espera... de una mirada, de unas voces, de las risas, de los ecos desprendidos del silencio; siempre ahí, inquieta o en la calma de la soledad, en el bullicio o en las calladas memorias del pasado; una calle del ayer, una noche desangrada entre mis palabras; una calle solitaria, una noche de otoño entre farolas y esperas.
En una calle sin nombre, dormidos los deseos, despiertos los silencios, en la soledad de los pasos furtivos, vagabundos; trasnochando las miradas, las manos dolientes, las voces calladas en el vómito de sus palabras... ocres que no dicen nada, dorados que callan... se cierran los ojos en un bostezo y queda la noche en espera... espera en las horas, en el insomne paso del tiempo.
Cuando las palabras son mudas, sin eco; cuando las voces son silencio, y las miradas ráfagas en la noche; cuando se silencian las manos en el olvido, y los labios mueren en las esquinas de las sombras; cuando se encierran los versos en la soledad, y los sueños apenas alumbran; cuando las llaves no abren... cuando las llaves se pierden...
Mientras la ciudad duerme se desangran los sueños, desparramados en la soledad que alumbra la farola; silencio e insomnio, ayer en las miradas que mueren en su olvido, sombras como sierpes enroscándose en los versos... mientras la noche duerme se acallan las voces, en la piel ajada, en las manos muertas.
Luz y jazmín; saturados los colores, las manos, las miradas; noche y algarabía, cuenta cuántas vueltas, ¿cuántas vueltas cuentas? Noche iluminada de jazmín donde se voltean los sueños, se alcanza la luna, se derraman sonrisas... mi mirada fija, mis manos quietas... mi silencio impregnado de jazmín... de noche.
Entra en el círculo de luz, lo demás, no importa, es noche, es soledad, es el sin sueño de la ciudad; es una farola que se desangra en las miradas, en las esperas; es el círculo de luz que envuelve el eco de una voz, que atrapa la libertad en cadenas demasiado cortas; entra en el círculo de luz y duerme... es noche sin luna, es nocturno de silencio, es paseo sin camino.
Quiebros en la noche, en el silencio; se parte la luna en las miradas... luna de ciudad, sin magia; luna de soledad, sin sueños... quiebros en las manos, sin palabras; quiebros en la voz, sin caricias.
Es un engaño en las miradas, un reflejo suspendido en la noche, un instante fugaz e irreal. Apaga la luz, y desaparecerá, como desaparecen los sueños en las mañanas, en las manos que los dejan caer en el olvido. Enciende la luz, y aparecerá; una calle solitaria, una mesa y un jarrón, un silla mimetizada en la baranda. Es un reflejo, ¿dentro... fuera? Es un engaño en la mirada.
Madrugada y lluvia, vigilando los sueños; insomnio y luces, observando la noche; nadie en su cobijo, en su soledad. No hay sonrisas, ningún beso, sólo esperas; no hay caricias, ningún deseo, sólo esperas.
Un paseo nocturno sin luna, con la lluvia mojándote, sin importarte nada más que el andar de los sueños...
... cuando las callen duermen y el silencio es lluvia, donde se cobijan los deseos en reflejos en ocre, en charcos transparentes en la noche oscura; donde las huellas se impresionan momentáneas en las miradas, cuando la voz se silencia intimidada por la soledad de las horas, de un tiempo que ya es ayer en las manos... Un paseo nocturno en el silencio de una ciudad viva, que transpira su soledad en la lluvia caída.
Nunca sé... si menguan los sueños o crecen los miedos, si menguan las voces o crecen los silencios, si menguan los mañanas o crecen los abismos, si menguan las miradas o crecen los olvidos; no sé si menguas o creces, si en tu cara oculta están mis paisajes, si en tu cara oculta están mis palabras.
Quedarán las cenizas sobre el asfalto, el humo empañando una noche de marzo; en el fuego arderán sueños, esperanzas; y renacerán de nuevo cuando las miradas acojan otros deseos, cuando las manos abracen los mañanas.
Presos los sueños, o mis miradas de luna, o las manos que esconden a sus palabras rotas, unos poemas perdidos entre los caminos y la vigilia, entre los deseos y la soledad.
Cruzados paisajes que desentierran los ojos; quién es el guardián, quién la prisionera... se burlan de mí, puente y luna, entre la noche y los anhelos, entre las sombras y la ciudad.
Alumbrando paseos y calles la farola adormece las miradas, entrecerradas aún por los sueños, esquivas entre la noche; la farola que alumbra rincones, entreviendo los secretos, resguardando las memorias; la farola y su guardia, impenetrable, estática, eterna entre los insomnios.