Me desdoblo en dos; palabra y silencio, mirada y sueño, voz y muerte; en dos paisajes de lunas y noche, de olvido y deseos, de melancolía y sonrisas desdibujadas.
Aguas sobre el agua en un puzzle de reflejos... como silencios abstractos de las miradas cansadas. (si rozara el agua con mis labios, mi voz sería iris en la noche)
Estás o no estás, dentro o fuera, en el abanico de luz o en la oscura soledad: te sumergen los sueños o flotas en las aguas negras, te irisan las palabras o te encarcela el silencio. Estás o no estás en el abanico de la luz, dentro o fuera de su mirada, de su caricia; en el abanico de luz o en la oscuridad de la voz, en el abanico de la luz o entre las manos muertas.
En cuadrículas los sueños, las voces, las palabras, todos los silencios, un puñado de miradas, los jirones del olvido; el otoño y las lluvias, el azul del mar, el viento del invierno, un paisaje en soledad. Treinta y tres estáticas, dos en fuga.. buscando unas manos para las caricias, unos labios para los besos... unos versos en fuga buscando miradas, palabras, voces... silencios.
Camino sobre el agua con los sueños vacíos, reflejándome turbio en las miradas, esas que me observan desde la soledad; a mis pies, un abismo, quizás, de un palmo de oscuros horizontes; quizás, una sima sin luz en picado hacia la nada.
... camino... y voy enfangando mis pasos en el silencio, en esta mi voz que no grita, que no aulla... y mi caminar es perezoso, eterno... solitario... Camino sobre el agua apoyando mi báculo en la nada, preguntándome qué me mantiene... si la esperanza de encontrar tu caricia sobre mi pecho hueco, si el sueño de hallar tu beso sobre mis labios fríos.
No sé quién soy, si reflejo o realidad, si mirada o ensueño, si secreto o voz; no sé quién me mira, si mi silencio o tus palabras, si mi descaro o tu timidez, si mi desnudez o tu olvido; no sé si soy vacío o un plano de tus manos, si soy abismo o un paisaje para tus versos.
Trémula, frágil entre mis manos que abrazan sus silencios, alumbrando voces rotas, reflejándose en su olvido; luz de vela, luz de miradas, luz en soledad.
Desde la última lluvia que atrapó mi mirada, desde el último silencio irisado en mis ojos, desde el último desnudo de mis palabras y mi voz... te observo, me miras y callas... y callo mis paisajes, el dolor de mis manos, callo los olvidos, los sueños desprendidos de mi último verso... desde la última lluvia que atrapó mi mirada.
Reflejándose en el silencio, en la quietud de su soledad. (muda... estática) Inmune a mis miradas que la escriben, a mis manos que la modelan en trazos incorpóreos, difuminados en la transparencia del agua estancada en el ayer... ayer, todo es ayer en su silencio, en las cicatrices de las horas cinceladas sobre su cuerpo.
Es una mirada, un reflejo de miradas, impresionadas, perennes en más miradas, paisajes sobre fondo, adivinados en un espejo de caminos; andar sobrevolando sonrisas, volar entre las manos despuntando en la mañana... y llegar donde nacen los sueños, donde se escucha el silencio de la eternidad, donde la voz es eco entre las manos.
Nacer de un reflejo, realidad o mentira de las miradas; lo tangible se torna etéreo entre las manos, intocables silencios que visionan sombras y luces, que cuentan sus secretos en las voces del viento... ¿en qué lado quieres estar? ¿Reflejo mudo? ¿Títere del tiempo? Nacer de un reflejo y morir en la imagen contando las horas marchitadas de una voz rota.
Quedó atrapado el arco iris, tornasoles entre músicas mudas, entre miradas numeradas que giran en silencio. Del uno al... y vuelta a empezar los silencios, las voces desenchufadas, las notas desdibujadas. Sólo un haz de colores irisando los reflejos, flirteando con mi mirada.
El reflejo del tiempo detenido en un compás de espera... de las manos, de las miradas, de los silencios de la voz, de las palabras que llegan tarde; un reflejo de horas paradas entre sombras y luz; luz que se vence en la noche, sombras que duermen en la piel. No se escucha el tic-tac... es el reflejo del tiempo detenido, sin horas, sin minutos, sin segundos; saetas varadas en el viento que azota la soledad, saetas naufragadas en el mar que olvida los sueños.
Guardo unas sonrisas en reflejos del ayer, tantas miradas de ida y vuelta; guardo unos sueños al lado de las memorias, coquetos, perennes en el pasado... y, cada vez que me miras, te veo en el antaño de las voces que callo, que guardo en reflejos de ida y vuelta del ayer, que guardo en tus sonrisas rememorando lo que fue.
Soy sombra en el ayer que perece en su silencio, discreta, tímida, incorpórea entre la memoria de las miradas, entre la caricia del olvido. Soy hoja en el viento que se mece a su capricho, un reflejo ausente que vive, que cambia su destino en un susurro imperceptible, en una voz callada.
Sombra en proyección conteniendo cada hora, cada minuto del ayer; quizás solamente sea un refresco calentándose en el sol de la tarde, derritiéndose, olvidando su frescor, calentándose; quizás solamente sea un puñado de recuerdos aguándose en los sin mañanas, olvidándose de los nombres, los rostros, los momentos; quizás solamente sea un reloj de hora única que marca el caos, los fracasos, las vicisitudes de unas manos que sucumben en el silencio de sus palabras.
Hoy mis manos abandonan su búsqueda, tan sólo una sombra en reflejo fugaz, un abrir y cerrar de miradas que serán noche, que serán esa masa negra que repta en los sueños; hoy las manos olvidaron sus propósitos y se dejaron caer en el abismo de la pereza, en el deambular sin caminos; hoy las manos se mezclan en lo abstracto de un capricho, en lo pasajero y efímero de la existencia de la luz.
Son instantes de ida y vuelta, imágenes grabadas en la fugacidad, en la visión pasajera del vagabundeo; un reflejo anónimo del autorretrato de la irrealidad, de la mirada soñadora; basta un clic para ser inmortal en un segundo, en un ayer perezoso que se abandona en el tiempo; un clic inquieto en un reflejo de silencio, un clic juguetón en las manos que vocean olvidos, tristezas, miedos, memorias.
Luces que entre bambalinas olvidaron su función; ningún rostro asomará entre los brillos de bohemia, y callarán las voces en el silencio de la platea; quizás, un aplauso en sordina reavive el eco, quizás, un perfume suspendido evaporice la soledad... hoy no hay función en el ayer de ninguna sonrisa, hoy el espejo denunciará su ausencia, su olvido... su mirada.
Atrapadas las manos en notas de silencio, quedarán eternas para mis miradas; un reflejo perenne en el eco de la noche, un reflejo capturado en la fugacidad de lo irreal. Unas notas acariciando las cuerdas; se quedarán entre los sueños y la mirada.