Me desdoblo en dos; palabra y silencio, mirada y sueño, voz y muerte; en dos paisajes de lunas y noche, de olvido y deseos, de melancolía y sonrisas desdibujadas.
Caducas palabras entre manos viejas; uno a uno los dedos teclean sus memorias, martilleando el silencio con sus voces calladas... y entre polvo y olvido van muriendo en el tiempo; entre polvo y olvido empequeñecen en la soledad.
Sonrisas... sombras, luces... lluvias; miradas huecas, voces mudas; farsas en los sueños, engaños en las manos; silencio... mentiras de los labios, silencio... lágrimas entre la nada.
Miradas calladas, dormidos silencios; el aire lleva ausencias, la tarde apaga los sueños. El patio interior calla, adormece vidas; voces refugiadas en las esperas, manos despintando la mañana. Todo será negrura en un recuadro oculto, todo será adiós en la noche anónima.
Miradas huecas, silencios, el olvido de una sonrisa; detrás, la soledad, el vacío de la piel, un abismo. Miradas en contraluz, ciegas, el miedo de una lágrima; detrás, el olvido, los sin recuerdos, la nada.
Buscando mares perdidos en la soledad de la ciudad; quedaron desecados y nacarados los sueños, en exposición y venta de las miradas ajenas... buscando orillas y arenas en las aguas amanteladas; quedaron en silencio y en la quietud los deseos, en escaparate de neón del atardecer del otoño.
En el filo, donde se rebanan los sueños, donde se trituran las esperanzas; en el filo, donde se acuchillan las palabras, donde se muelen las miradas... en el filo, en el silencio cortante, en el vacío que gira.
Vueltas y vueltas en galopes abortados; desbocados silencios amarrados al vacío, el vacío de su soledad... no trotan, sólo miran el abismo de sus huellas perdidas.
Trémula, frágil entre mis manos que abrazan sus silencios, alumbrando voces rotas, reflejándose en su olvido; luz de vela, luz de miradas, luz en soledad.
Té de media tarde... donde en cada sorbo van quedando mis palabras, estratos en olvido cíclico de mis manos, circunvalados en un tiovivo de silencios. Olvidaré mis versos en el poso del tiempo, en las sin horas de mi memoria, en los minutos que tarda un paisaje de mi mirada en abandonarse en el vacío.
Caramelos, pastillas, piedras, cristales, cantos rodados de ciudad; un puñado de sueños para decorar una casa, sueños dejados en el fondo de un jarrón... en la transparencia oscura de una mirada de olvido.
Para las palabras amargas, las del silencio, las de los paisajes rotos o las voces enmudadas, las de las manos ajadas, las de las miradas perdidas, las del ayer olvidado y lo que fue y ya no es, las de la memoria petrificada... las de los mares naufragados, las del otoño, las del viento que azota los sueños... las de los poemas derramándose en los mismos versos.
Mudo... como las palabras atrapadas en la boca. En silencio... como las voces despechadas en su dolor. En el olvido... como los recuerdos despedazados en la memoria. Insonoro... como los gritos de unas manos infértiles.
Palabras, viviendo en mí, enclaustradas en el silencio, asomándose curiosas entre la voz dormida, parasitadas en mis manos; un apéndice más imperdible en las horas, lapadas a un puñado de sueños.
Trepando... alejándose, inalcanzable en su sueño; un adiós sin miradas... (volveré cuando mis manos se tumben, cuando mi silencio sea paisaje en sombra) ... trepando... alejándose de la tierra que atrapa, que cautiva en soledad un deseo, una esperanza.
Piezas, palabras perdidas en un rompe-manos escribiendo entre líneas... los silencios, el ayer de la mirada, las muecas de la voz, los vértigos de los sueños... ya nada encaja en un puzzle-poema... siempre las mismas palabras disfrazadas de su soledad. Dos piezas y un lápiz... líneas en blanco que esperan.
Palabras que esperan sus poemas en la dulzura de unas manos, entre silencios y olvidos, entre sueños y oscuridad... cada pepita, una voz dormida, una soledad, una mirada de la piel ajada que se pliega en las cicatrices del olvido.
Quedó atrapado el arco iris, tornasoles entre músicas mudas, entre miradas numeradas que giran en silencio. Del uno al... y vuelta a empezar los silencios, las voces desenchufadas, las notas desdibujadas. Sólo un haz de colores irisando los reflejos, flirteando con mi mirada.
Caerán una tras otra, derramando sus silencios, esparciendo las voces mudas que albergaron; una tras otra caerán sobre las manos que las abandonaron, y quedarán inertes cubriéndose de olvido, refugiadas en la soledad del vacío, de la nada.
Como cinco dedos que van muriendo en la lentitud de las horas, mermadas ya sus puntas en gangrena pausada; quedarán las palabras suspendidas en la voz, una voz que recita en silencio, en la soledad... que recita los sueños de sus labios muertos, de su piel marchita.