Lo que trae la mar en cada abrazo, en cada silencio, insistente, incansable en el lamento de sus miradas. Pequeños naufragios en orillas de playas desiertas, donde el viento enmudece, donde cada ola es derrota y soledad.
Esperas de lo que fue, oteando los naufragios en las orillas desiertas; pleamar del olvido en mojados poemas, desfigurándose en silencios, en callados versos mientras las miradas se pierden en las mareas... ya no regresarán las gaviotas, ni las estrellas de mar lloviéndose en los firmamentos; ya no regresará el ayer, lo que fue y naufragó en la arena de un reloj sin horas ni sueños.
Camino sin principio ni final, sólo andar hasta desfallecer, hasta que los calendarios queden deshojados, hasta que los relojes queden mudos; caminar hasta que el viento borre las huellas, caminar hasta que el mar se lleve el silencio; andar hasta que la arena cubra las miradas, andar hasta que la playa sea olvido... camino sin principio ni final, andar hasta desfallecer.
Recortada mirada en un recuadro de arena, de mar en caída libre; ¿dónde irá a desaguar sus sueños? Siluetas y figurantes en escena, emborronados, sin nombre; voces y risas para mis manos, un rompeolas en mi silencio. Unos pasos y un sombrero, en la brisa, en la pasarela... de mar y arena, de recortada mirada.
Castillos sobre la playa como un sueño en el aire, resquebrajándose al sol, de vuelta a la arena... si no fuera por el agua que trae sus mareas, que acerca los naufragios para no ser soledad, para no ser silencio en el amanecer... y en el cielo las nubes queriendo ser un deseo, unas pinceladas que el viento aleja de las manos, de las miradas... que el viento se lleva más allá de los anhelos.
Amanecer; ocres y dorados, viento izando olas, silueta a contraluz... amaneciendo en sus sueños, recortándose en su horizonte. Al fondo, un paisaje; a sus pies, las mañanas. Mar que despierta en su amanecer, mujer que sueña en el silencio.
Palabras, silencios, huellas que lame el mar, versos en la orilla que borrarán las mareas... y no quedarán más que un puñado de conchas resguardando los ecos de unas miradas, los vacíos de las manos caídas en la playa.
Cuántas olas traerá la mar a las orillas solitarias, silueteando la arena con su espuma, posando su salitre en la sed de los sueños. Nubes que ocultan el amanecer de una mirada; hoy las palabras se vestirán de olvidos, las huellas de la voz reposarán entre los ecos de una concha abandonada.